por Miranda Martínez Santiago
Esta ausencia de movimiento en la muerte truncada o fallida de los personajes caracteriza la muerte total, el No Ser, la perdición, y genera una temporalidad ucrónica y suspendida, como apuntamos antes, donde el tiempo no pasa o donde todo se repite. Es el estado propio del topos Infernal, el de la muerte perpetua. No es casualidad que desde los primeros filósofos griegos de la Phisis el movimiento esté asociado al agua como principio vital (παντα ρει). Así, lo dinámico está asociado a la regeneración y al devenir del ser, frente al no ser como único principio estable. Frente al río, la laguna Estigia, que franquea el paso hacia el Tártaro. De este modo, una muerte valorada positivamente será aquella que conduce a la vida, aquella que perpetúa un ciclo regenerativo o retorno eterno o bien aquella que conduce a una vida posterior pero perpetua, sin formar parte de un ciclo repetitivo. La muerte como proceso de unión con la tierra implica una renovación, y así operaba en el imaginario popular y carnavalesco descrito por Bajtin para ciertos fenómenos sociales durante la Edad Media y el Renacimiento. Así, por oposición al principio vital, erótico y carnavalesco, esta muerte manifiesta el espacio ucrónico infernal que constituye Comala.
Pero estos principios inmateriales tampoco trascienden; no puede haber un ascenso “positivo” tampoco atendiendo a una simbología cristiana, ya que como dice Dorotea: “–¿Y tu alma? ¿Dónde crees que haya ido? –Debe andar vagando por la tierra como tantas otras…”. La ascensión total no tiene lugar; sino una ascensión parcial que conduce a la disipación y a la suspensión; el alma no sube, ni tampoco se queda en el cuerpo para materializarse y volver a la tierra. Queda disimilada del cuerpo y disipada fuera de él, perpetuando un estado de muerte continua y sufrimiento; un estado fantasmal.
A la luz de esta interpretación, la muerte de ambos personajes responde a una temporalidad muy particular que define, precisamente, el espacio de la novela: tiempo y espacio son dos conceptos indivisibles en Pedro Páramo, precisamente porque la entrada en Comala implica una entrada a una nueva temporalidad, a unos ciclos vitales específicos que al mismo tiempo configuran este topos: Comala constituye un Tártaro donde el tiempo queda suspendido para las almas de los muertos y donde un régimen iterativo obliga a recordar los pecados cometidos una y otra vez por las almas de los personajes, de forma que esta recurrencia les obliga a quedarse en Comala reviviendo su terrible culpa; además, esta repetición es cíclica, ya que pasa de padres a hijos: la culpa se hereda. También hay una repetición temporal simultánea o paralela que se manifiesta en cada una de las veces que el cacique embaraza a una mujer, cuyo hijo bastardo arrastra el estigma del padre ausente hasta su muerte (Juan Preciado). Por tanto, a nivel simbólico, tenemos tres regímenes temporales ucrónicos que se derivan (o se dan dentro) de un Tiempo General ucrónico, donde el no fluir del tiempo viene impuesto por un espacio infernal, de muerte, en oposición al dinamismo vital:
- Tiempo General ucrónico propiamente dicho/suspenso o infernal (marcado por la muerte como norma).
- Régimen metatemporal iterativo o sisífico (marcado por la culpa y pecado que se reviven continuamente y por los que el alma no puede trascender, quedando anclada a ese Tiempo General suspendido en Comala).
- Régimen metatemporal cíclico (por el que la culpa es hereditaria pasando de padres a hijos y generando un fatalismo sin posibilidad de autodeterminación y salvación, sólo purgable mediante la venganza).
Además, existe un régimen de multiplicación que se opone al metatiempo iterativo en tanto que no se da una repetición sucesiva sino simultánea; por tanto hablaríamos no de repetición y sino de multiplicación, y viene dada por la capacidad del cacique de multiplicar(se) o de reproducir(se) embarazando a muchas mujeres y perpetuando el pecado colectivo. De este modo, el régimen temporal interno daría lugar a la construcción del espacio (Comala), en tanto que la culpa y la muerte se expanden afectando a todo un pueblo a través de la violencia sexual ejercida por el cacique, de forma que todo el perímetro que abarque esta violencia será el que domine el cacique y el que delimite Comala. De este modo, el poder sexual y genital del cacique se identifica con su poder político, como es propio de sociedades atávicas. Sociedades que, como el caso de Comala, dan lugar, en su literaturización, a la construcción de un mito -o anti-mito- como el del Infierno, dentro cual se problematizan cuestiones que conciernen al individuo y su existencia.

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