por Alejandro Fernández Bruña
Llevaba meses esperando la nueva novela de Enrique, y eso que sospechaba que iba a salir por estas fechas. Sus novelas suelen publicarse poco antes de la Feria del Libro, como los grandes hits editoriales. Creo que es uno de los pocos autores de los que leo todo lo que publica sin cansarme, como me sucede con Cristina, con Agustín, con Marta, con Alejandro. Es curioso cómo, con el paso del tiempo, me permito tutear a mis autores favoritos, porque cuando los cito entre mis amigos ya no necesito sus apellidos para que sepan a quién me refiero. Abro el libro y tengo Google listo, como siempre.
Enrique nos cuenta la misión de Vidal Escabia, el protagonista, que no es otra que seleccionar setenta y un fragmentos con los que formar un canon desplazado e intempestivo que forme una representación más o menos fiel de su biblioteca privada. ¿Por qué intempestivo? Porque es el adjetivo que gritaba Nietzsche antes de caerse en Turín, nos dice. El método para seleccionar los fragmentos es sencillo: elige un libro al azar («casi a ciegas») de una habitación mal iluminada, escoge una cita que le guste y la planta en el libro. El narrador lo llama «ritual basado en tres movimientos: biblioteca, ventanal y gabinete». A los lectores de Enrique ya nos suenan algunos fragmentos, pero muchos son nuevos. Junto a los ya míticos Chefjec, Duras, Tavares, Michon o Pessoa nos encontramos a Francisco Jarauta, David Markson, Gómez Bárcena, Anne Carson o Camila Cañeque.
Hay una duda en clave replicante que cruzará toda la novela: ¿es Vidal Escabia un Denver-7 fabricado por la Boulder Corporation para ser el escribiente del genial Altobelli? ¿Son los recuerdos de Escabia implantados? ¿Son reales las ovejas eléctricas del sueño? De la Boulder Corporation sólo sabemos el nombre y que coincide con el nombre de una empresa que fabrica boulders o rocódromos, como si todo escritor debiera tener algo de escalador. De Altobelli sólo sabemos que fue un futbolista italiano de los ochenta y que suena parecido a Casavella (ha declarado Enrique). De sus recuerdos sabemos que tuvo una infancia peculiar que no cambiaría por nada en la que nació leyendo prácticamente. De las ovejas eléctricas no sabemos nada.
El resultado es un libro aéreo, como uno de sus aforismos favoritos, cuya estructura recuerda mucho a la de Bartleby y compañía por las relaciones que se van creando entre los distintos fragmentos. Pues, como dice en Aire de Dylan: «todo está relacionado, pero lo normal es que por mucho que esas relaciones existan, es no saber verlas».
Sin más dilación, transcribo el canon de cámara oscura de Enrique, aunque seguro que encontráis algún error en él, pues no me salían las cuentas exactas. Es divertido ir buscando las citas que aparecen en el texto. Me he reído unas cuantas veces. Sorprendido otras tantas. Gracias por este libro.
1. Juan Marsé, Un día volveré. «Héroes forjados en tantas batallas, hoy llorando por los rincones de las tabernas».
2. Julio Cortázar, Rayuela. «Pero lo que yo quisiera decir es justamente indecible. Hay que dar vueltas alrededor, como un perro buscándose la cola […] simplemente hago todo lo que puedo para que las cosas me renuncien a mí».
3. Dante, Divina Comedia.
3.1. «Me hallé perdido en una selva oscura».
3.2. «Mucho es lícito allí que prohibido está aquí».
3.3. «Ya no estás en la Tierra, como crees;
ningún rayo escapando de su centro,
fue más veloz que tú volviendo al tuyo»
4. James Joyce, Los muertos. «Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos».
5. Paul Auster, La invención de la soledad.
5.1. «Descubrió que sus pasos, al no llevarlo a ninguna parte, lo conducían hacia el interior de sí mismo. Esta idea se convirtió en fuente de felicidad. Y entonces se dijo a sí mismo, con un tono casi triunfante: Estoy perdido».
5.2. «Porque en aquella habitación cabía un universo entero, una cosmología en miniatura que contenía en sí misma lo más extenso, distante y desconocido».
6. K.
6.1. «Cuantos más caballos enganchas al tiro, más rápido va; no la tarea de arrancar el bloque de los cimientos, que es imposible, sino la ruptura de las riendas y con ello la marcha libre y alegre».
6.2. «Si uno fuera de verdad un indio, siempre alerta, y sobre el caballo galopante, sesgado en el aire, vibrara una y otra vez sobre el suelo vibrante, hasta dejar las espuelas, hasta desechar las riendas, pues no había riendas, y por delante apenas veía el terreno como un brezal segado al raso, ya sin cuello ni cabeza de caballo».
7. Julio Ramón Ribeyro, La tentación del fracaso. «Leyendo hace poco a Cervantes, pasó por mí un soplo que no tuve tiempo de captar (¿por qué?, alguien me interrumpió, sonó el teléfono, no sé) desgraciadamente, pues recuerdo que me sentí impulsado a comenzar algo… Luego todo se disolvió. Guardamos todos un libro, tal vez un gran libro, pero que en el tumulto de nuestra vida interior rara vez emerge o lo hace tan rápidamente que no tenemos tiempo de arponearlo»
8. Gonçalo M. Tavares, Biblioteca: «El fragmento tiene algo de potencia presente que no necesita del pasado ni del futuro».
9. Paul Valery, Monsieur Teste. «El infinito, querido, es bien poca cosa; es una cuestión de escritura. El universo sólo existe sobre el papel».
10. Francisco Jarauta, Poéticas del fragmento. «Frente a las tesis del clasicismo sobre la unidad de la cultura, y de la civilización, lo que nos queda a nosotros es el fragmento, que se multiplica; el fragmento que actúa como revulsivo contra toda positivación de los lenguajes artísticos, cuando lo más importante es que muestren su tensión, su versión del naufragio de cualquier discurso totalizador […] Ya no podemos averiguar nada que no sea por aproximación, de manera errante; no por explicaciones, sino en alusiones infinitas».
11. Elias Canetti, La provincia del hombre:
11.1. «Cuántas costumbres necesita uno para moverse dentro de lo desacostumbrado?».
11.2. «El se imagina que tiene que cambiar todas las frases que haya dicho o escrito. No basta con proponerse cambiar las que son accesibles; tiene que encontrar también todas las que se han perdido; rastrearlas, cogerlas y traerlas de nuevo. No le está permitido descansar hasta que no las tenga todas. Castigo que deberán sufrir en el infierno los que tuvieron una fe falsa».
11.3. «Pues administra posiciones como un burgués cualquiera, y sabe también que ha conocido a algunos que hasta tal punto eran escritores, escritores verdaderos, que precisamente por esto no pudieron conseguir ese nombre y sólo les quedó la posibilidad de esconderse, de escoger entre vivir como mendigos o recluirse en un manicomio».
12. Pavese. «Vendrá la muerte y tendrá tus ojos» + «Para todos tiene la muerte una mirada».
13. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby. «Todo el mundo se cree poseedor de por lo menos una de las virtudes cardinales. La mía es ésta: soy una de las pocas personas honradas que he conocido en mi vida».
14. Wallace Stevens:
«De ahí surge el poema: de que vivimos en un espacio
que no es nuestro y, aún más, ni nosotros mismos
y es duro a pesar de los días blasonados».
15. Jaime Alegría. «Pase lo que pase, Lo correcto es largarse».
16. ¿Nathaniel Hawthorne, Wakefield?. «Lo mío siempre fue una reverencia muy torpe».
17. David Markson, La amante de Wittgenstein.
17.1. «Dios, las cosas que solían hacer los hombres».
17.2. «Cuando Gertrude Stein conoció a Alfred North Whitehead, dijo que en su cabeza había sonado una campanita informándola de que era un genio» .
17.3. «Al principio, a veces, yo dejaba mensajes en la calle.
Hay alguien viviendo en el Louvre, decían algunos de los mensajes. O en la National Gallery.
Por supuesto, únicamente podían decir eso cuando yo estaba en París o en Londres. Hay alguien viviendo en el Metropolitan, dirían esos mensajes cuando yo todavía estaba en Nueva York.
Nadie vino, y al final paré de dejar los mensajes».
18. Ovidio, Metamorfosis. «Antes de que existieran el mar, la tierra y el cielo que todo lo cubre, en todo el universo la naturaleza presentaba un único rostro, que llamaron Caos: una masa informe y confusa, sólo materia inerte y un amontonamiento de semillas diferentes de cosas mal combinadas entre sí».
19. Joseph Roth, La Cripta de los Capuchinos. «Los hombres vienen de la oscuridad, nacen desamparados y no saben estar solos, y por eso forman agrupaciones de todo tipo».
20. César Vallejo. «Salgo a la calle y hay calle. Me echo a pensar y hay pensamiento. Esto es desesperante».
21. Juan Eduardo Cirlot, Feria y atracciones. «Después de haber pasado media vida tras las echadoras de cartas para saber si llegaría a ser un compositor genial de música, o un hombre célebre, o conseguiría el perfecto amor que destruye todas las problemáticas, mediante el ejercicio continuado de la tristeza, que es un maestro inmejorable, y acaso con la ayuda de ciertas lecturas, llega a la convicción de que todo es igual. Ha entrado en el palacio de cristal de los arquetipos, pero por la puerta más humilde y más obscura, por la que tiene un rótulo que dice tú ya no importas».
22. Peter Handke, Ensayo sobre el cansancio. «El cansancio llega en la transición, después de haber superado algo».
23. Margerite Duras, Escribir:
23.1. «Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos».
23.2. «Sé que, cuando escribo, pasan cosas. Dejo que actúe dentro de mí algo que, sin duda, procede de la feminidad. Es como si regresara a territorio salvaje».
24. Ryoko Sekiguchi, La voz sombra.
24.1. «Nosotros, quienes vivimos en el presente, no podemos reiterar el presente que ya no existe, al contrario que la voz grabada. O, mejor dicho, no podemos poseer ese presente que a cada instante se nos hurta».
24.2. «Escuchamos entonces esa voz que vive en otra temporalidad. Dos temporalidades se cruzan en un mismo mundo, y también nosotros sufrimos una alteración».
25. Valeria Luiselli, Papeles falsos.
— Vamos a romper todo de acá hasta acá
— ¿Pero y dónde vamos a poner el cascajo?
— Aquí, mira. Vamos armando la montañita y ya luego vemos.
26. Robert Walser, Discurso a un botón.
27. Louise Colet. «La profundidad que, como decía Louise Colet, solo se nos revela en la noche oscura del alma, camuflándose en la oscuridad de la obra».
28. Miguel de Cervantes, Rinconete y Cortadillo. «De pronto, la literatura apareció en mi guante como un raudo torbellino de Noruega».
29. John Updike, Corre, conejo.
30. Friedrich Nietzsche: «El valor de un hombre se mide por la cantidad de soledad que es capaz de soportar’».
31. ¿El doctor portugués es Miguel Torga? «Porque en el vacío no falta nada y en cambio en nosotros sí, porque tenemos unos ojos nada potentes, por eso no llegamos a ver casi nunca nada»
32. Sergio Chejfec, Mis dos mundos. «Lo que quiero decir ahora, como casi siempre, está impregnado de imprecisión […] Como si la presencia electrónica, al ser inmaterial, se hermanara mejor a la insustancialidad de las palabras y a la habitual ambigüedad que muchas veces evocan».
33. Hugo von Hofmannsthal, Carta de Lord Chandos. «He perdido por completo la capacidad de pensar o hablar coherentemente sobre ninguna cosa».
34. Juan Gómez Bárcena, Mapa de soledades. «¿Ojos vidriosos, andares sonámbulos, mandíbulas crispadas? ¿Qué síntomas inequívocos delatan al verdadero suicida?».
35. Pierre Michon sobre la escritura: «algo sagrado, algo que había completamente fetichizado, un intento de decir algo que nacía siempre impedido».
36. Paul Klee. «Del lado de acá soy completamente imprevisible. / Pues habito tanto entre los muertos / como entre los no nacidos».
37. Roland Barthes, Roland Barthes por Roland Barthes: «Nos propone saber estirarla [la fatiga], potenciarla, convertirla en una intensidad que nos pueda acompañar a todas partes y tal vez hasta nos pueda llevar a ver el mundo de una forma distinta».
38. Harold Duché, La hendidura: Sostiene que nada es involuntario y las coincidencias son el destino de un cálculo: el azar cae de una hendidura construida en mitad de una suma sencilla, como si en medio de las letras de otros libros existiese todavía espacio para escribir nuevos libros.
39. Elias Canetti, Auto de fe.
40. Jorge Luis Borges: «Me siento todas las mañanas ante el papel en blanco y no se me ocurre nada».
41. Francisco de Quevedo:
»su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado».
42. Wittgenstein: ‘’Por qué podemos hablar de una luz roja oscurecida, pero no de una luz roja negra’’.
43. Kandinsky en un libro de Mark Haber: «Sólo una débil luz brilla como una pequeña estrella en un vasto abismo de oscuridad. Esa débil luz no es más que un presentimiento, y el alma, cuando la ve, tiembla dudando si la luz no será un sueño y el abismo de oscuridad la realidad».
44. Stefan Zweig, El mundo de ayer.
45. El mago de Viena, Sergio Pitol.
46. Lope, La Dorotea:
— ¿Cómo lo compones? — Leyendo,
y lo que leo imitando,
y lo que imito escribiendo
y lo que escribo borrando ,
de lo borrado escogiendo.
47. María Zambrano: «Hay en el asombro un quedarse inerme ante algo, ante algo que se ha visto y que creíamos familiar, pero que en un instante se muestra como absolutamente nuevo».
48. Lawrence Sterne, Tristram Shandy.
48.1. «La seriedad es un continente misterioso del cuerpo que sirve para ocultar los defectos de la mente».
48.2. «Y si de vez en cuando parece que me entretengo por el camino, o que a veces, durante unos segundos y mientras pasábamos de largo, me pongo un cucurucho con un cascabel, no se esfume usted, sino más bien concédame cortésmente crédito y confíe en que en mí hay más sabiduría de la que muestran las apariencias; y a medida que avancemos, dando tumbos y a trompicones, bien ríase usted conmigo, bien hágalo usted de mí, o, en suma, haga lo que prefiera, pero no pierda usted nunca el humor».
48.3. «¡Ay, pobre Yorick!»
49. «Palabras, palabras, decía Hamlet. Es tal la desconfianza que tengo hacia ellas, sobre todo hacia las mías, que por eso prefiero de vez en cuando citar a los otros, a cuantos dicen lo que yo habría escrito de no ser porque ellos ya lo escribieron antes
No sé, pero si a veces recurro a las citas y a las obsesiones de tantos grandes autores es buscando la posibilidad —demencial por supuesto, porque no parece a mi alcance— de que la gran literatura no acabe en nada, no acabe tan pronto como parece que tantos vienen presagiando».
50. Miquel Barceló, Página Dos. «En tu infancia lo aprendes todo, y eso dura hasta los diez o los once años. Después, aprendes otras cosas, pero de todas has de desaprenderte después».
51. Robert Musil, El hombre sin atributos.
51.1. «El presente no es más que una hipótesis más allá de la cual no se ha ido todavía».
51.2. «Todo se ha vuelto ahora no narrativo».
51.3. «Esto y cosas semejantes comenzaban a verse entonces, y de alguna manera había que aceptarlas, como se aceptan y se reconocen los rascacielos y la electricidad […] Una sombra de disgusto, de desaliento y de desamparo se proyectaba hacía tiempo sobre todo lo que se realizaba y experimentaba, una antipatía universal por la que jamás pudo encontrar la inclinación complementaria. En ocasiones tenía la impresión de haber nacido con atributos carentes, hoy en día, de validez».
52. Rilke, Cuadernos de Malte: «Narrar, lo que se dice narrar, yo no he ‘oído nunca narrar a nadie».
53. Anne Carson, Flota > Eras de Yves Klein:
«La era de eludir las problemáticas del arte
La era de domesticar el astuto ego
La era de la insana necesidad de ser admirado
La era de las múltiples voces que zumban en el interior de uno
La era de hacer un mito de sí mismo
La era de las inyecciones de calcio y las anfetaminas
La era de escribir con la mano izquierda
La era de ser consentido por la tía Rosa
La era del lienzo bajo la lluvia
La era de perder el equilibrio interior
La era de ser considerado paranoico por los amigos
La era de un joven imitador de Klein en Japón que salta por una ventana y muere»
54. Alberto Savinio, Maupassant y el otro. «Nace en Maupassant otro Maupassant».
55. Ricardo Piglia: «Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas. ¿No es a la inversa del Quijote?»
56. Xavier Nueno, El arte del saber ligero. «Un libro es siempre un intento de reducir una biblioteca, de hacer innecesarios todos los libros que uno ha leído para llevarlo a cabo. De manera que llegamos a la paradoja de que la única razón legítima por la que escribimos es porque hay demasiados libros».
57. Michel de Montaigne, Ensayos. «Dice que era una clase de hombre que, si había empezado a decir algo, nunca dejaba de acabarlo, aunque la persona con la que hablara se hubiese ido ya. ¿Y cómo explicaba esto ese hombre? Decía que de ningún modo quería que le distrajeran de su realidad interior mediante los cambios externos».
58. Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio. «La riqueza de las formas breves, con lo que ellas presuponen como estilo y como densidad de contenidos. Pienso en el Paul Valéry de Monsieur Teste y de muchos de sus ensayos, en los pequeños poemas en prosa sobre los objetos de FRancis Ponge, en las exploraciones de sí mismo y del propio lenguaje de Michel Leris…».
59. Camila Cañeque, La última frase. ‘’Me pasa algo con la maldita literatura. Tal vez sea el único lugar en el que he experimentado el sentimiento del amor, es decir, la admiración. Y, por lo tanto, su práctica, la escritura, me parece que sólo puede ejercerla en base a una completa y rigurosa entrega’’.
60. David Markson, La última novela:
60.1. «Tienes que leer mil quinientos libros para poder escribir uno
Fue la manera de decirlo de Flaubert».
60.2. «Es más tarde de lo que piensas, escribió Baudelaire en la esfera de su reloj, tras romper las dos manecillas».
61. Mirabiblia. Catalogo ragionato di libri introvabili.
62. Tiempo de silencio, Luis Martín Santos.
63. Guido Ceronetti:
«Specchiati informi dal nostro ignoto
Continua estatica societá
Benedici l’oscurità».
64. Fricciones de Pablo Martín Sánchez: «Hasta que no se sabe todo, no se sabe nada, razón por la cual nunca llegamos a saber nada».
65. John Banville en Imposturas.
65.1. «Si no estoy en mi escritorio, me siento vacío, como si fuera una piel despellejada, sin huesos».
65.2. «Yo me había convertido en un experto en fingir gran erudición acerca de una amplia variedad de temas mediante el diestro empleo de ciertos conceptos clave, espigados de la obra de otros, pero a los que sabía dar un sesgo personal».
66. Martin Amis. «Cada página de prosa era el resultado de un par de miles de errores».
67. Ejercicios de inmovilidad de Sònia Hernández. «Si ella consigue pensar en otra cosa, la fiesta no existe».
68. Apichatpong Weerasethakul sobre El caballo de Turín de Bèla Tarr: «Nunca había visto nada parecido. En el film pude sentir la lluvia, el peso del tiempo, un tiempo al que no estamos acostumbrados, pero que el tiempo real. Vi una película que era más que una película y una historia, era algo extraordinariamente sensorial. Decidí volverme andando a casa, y eso que había un trayecto largo. Fue una experiencia que me cambió para siempre».
69. Manuel Vicent sobre Rafael Azcona: «Si nadie en el cine europeo ha dialogado como este guionista, eso se debe a que usaba los zapatos adecuados. Siempre miraba dónde ponía el pie. Tal vez esa lección la había aprendido una noche oscura en Ibiza cuando volvía a casa en bicicleta después de una fiesta y llevado por la emoción poética le dio por levantar los ojos hacia las constelaciones y se dio un batacazo. Una y no más. Había que dejar las estrellas en su sitio allá arriba y poner la metafísica al nivel de las hormigas».
70. Pessoa.
«Ah, lo conozco, es Estevez, que ignora la metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería aparece en la puerta.)
Movido por un instinto adivinatorio, Estevez se vuelve y me reconoce;
me saluda con la mano y yo le grito ¡Adiós, Estevez! y el universo
se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza
y el Dueño de la Tabaquería sonríe».
71. Yo y mi chimenea de Herman Melville: «Le preguntan qué entiende por lo más esencial: ‘Sin ese gran fuego la casa perdería su espíritu’, dice el granjero, para quien la finca tiene su roble, su camino y su chimenea. ‘Sin ellos, perdería su carácter’».
PD. No os fieis de nada.

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