Una novela para los buenos escuchantes y para los escritores sin escritura, para los que bailan cansados, para los que cantan para obtener respuesta, para los que son tan invisibles que no puedes dejar de mirarlos, para los que no duermen nunca o para los que solo duermen, para los que están tras la cortina, para los que nacieron abajo, para los que esquivan la mirada, para los poetas intrascendentes y para los demasiado trascendentes, para los que rebuscan en sus bolsillos, para los que caminan mirando al suelo, como si se les hubiera caído algo en los albores del tiempo.

Asistimos a la reunión, años después, de un grupo de amigos de toda la vida: Calvo, Moro, Cabeza, Roto, Bea, Mario, Tomás y Lucía nos acompañarán a lo largo de esta historia, que es en realidad muchas historias. Porque aquí asistimos a un mismo hecho desde la perspectiva de cada uno de los afectados, que sufre una realidad única y privada. Por circunstancias de la vida (la precariedad y la posibilidad de una vida mejor) hace años se dispersaron, como casi todos los grupos. Ahora las circunstancias les obligan a reencontrarse.

Se reúnen en su ciudad natal, Santander, que es aquí todas las ciudades. Una ciudad donde ‘‘deambulan los errantes, los que saben que irse o quedarse tiene el mismo resultado, los que ya no encuentran complicidad en su grupo de iguales, tan lleno de silencios elocuentes’’ (dice Nerea Pallarés en la faja). Una ciudad en la que el tiempo ha dejado una pátina de polvo sobre los edificios, que han perdido su color inicial y ya no huele a pan por las mañanas porque ha cerrado la panadería de la esquina. Cómo olvidar las palabras de Gardel.

Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.

Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.

Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.

Volver es constatar que el tiempo pasa, que cada vez hay menos árboles, que los locales de siempre cierran o cambian de nombre, que tu familia es más mayor y tú menos joven, que te ha salido alguna cana en la barba y una arruga que te divide en dos la frente. Leemos en el libro: ‘‘para los que viven fuera, volver es noticia’’. Pero para los que se quedaron apenas tiene importancia más allá de comentarlo de pasada en sus casas durante la cena. Oye, ¿sabes que ha vuelto Fulanito? Ah, a ver si le vemos un día. ¿Me pasas el agua porfa? El hueco que dejaste, si alguna vez dejaste un hueco en la vida de alguien, se llenó poco después de tu partida. La vida sigue para todos.

Pasado el tiempo, las reuniones de amigos suelen ser de dos naturalezas: celebratoria o fúnebre. En este caso, es una mala noticia lo que los convoca, la muerte de Calvo. Los dejará a todos mudos, pero se esforzarán en hablar los unos con los otros. Intentarán preocuparse, porque es una manera de estar cerca de las cosas. Todos los narradores y los narrados en esta historia guardan un silencio dentro, que aquí iremos desgranando capítulo a capítulo. Todos los entrecomillados son del autor.

En una entrevista para Mundo Crítico decía que en esta novela »el lector puede explorar un mismo vacío desde diferentes puntos de vista». Si nos fijamos en los inicios de cada capítulo entenderemos a qué se refiere, pues cada capítulo se centra en la vida de uno de los amigos del grupo, revelando también los vínculos que hay entre ellos, pues, en palabras del autor, »nada le ocurre al todo que no afecte a cada una de las partes».

1er CAPÍTULO. LA INUNDACIÓN


Inicio:
Son tres las cañas y cuatro los pescadores. Todos se abrigan con chaquetas de plumas que los protegen del
viento y de la humedad. Nacisteis con un cortavientos bajo el brazo, les dijo hace tiempo
la novia de Calvo cuando aún era su novia y no el recuerdo de algo que pudo ser.
ff


Protagonista:
Calvo, al que ‘‘le
reconforta el silencio
ininterrumpido de
su jardín sin
jardinero’’, se aburre.
Luego el golpe,
el aguijón.
ff



Silencio
personal:
‘‘el silencio que
empapa el tejido
impermeable de
los abrigos’’.


Tiempo:
presente.

Lugar:
Santander.

Voz:
3ª persona.

Calvo no pesca, no le interesa. Solo va por ir ‘‘mientras los demás tiran la caña y esperan, y beben, y fuman, y desoyen la marcha firme y obstinada de los días, las noches y los años. Así es como mantienen intacto el orden de las cosas y la suela de sus zapatillas se desgasta’’. Va por estar con ellos, para hablar de los mismos temas de siempre, las mismas discusiones de siempre, los mismos silencios de siempre, las mismas acusaciones de siempre.

Una tarde que podría ser cualquier tarde, pero siempre acaba sucediendo algo nuevo, una repetición ligeramente distinta del día anterior. Al final de la sesión, ‘‘si no se pesca nada, la culpa se reparte’’, porque todo se reparte equitativamente entre los cuatro, también el amor y el dolor. Esa misma culpa que a algunos hará tropezar, a otros les arrebatará el sueño o el pensamiento.

Se hace de noche. Va a empezar a llover, pero todavía no lo saben. Se ha quedado pensando en un recuerdo de ‘‘cuando éramos jóvenes’’, tiempo lejano e indefinido. Como nadie se atreve a preguntar sobre el tema, no se habla de ello. Se van a casa, cada uno por su lado. Con el paso de los años ‘‘alguno aprendió a pescar, otros a aburrirse’’. Calvo no volvió a casa.

2º CAPÍTULO. USUARIO DESCONECTADO


Inicio:
¿Cómo te llega una noticia así? ¿Qué haces cuando la recibes? ¿Gritas? ¿Es dolor o es espanto? ¿Y si
estás trabajando? ¿Sales a fumar? ¿Tienes aire suficiente? ¿O son bocanadas aceleradas, impulsos
entrecortados? ¿Has hablado con alguien? ¿Con quién? ¿Eres el único que lo sabe? ¿A ti quién te ha llamado?
ff



Protagonista:
Moro, al que acaban de
ascender en el
trabajo, programa
un nuevo software.
Iba a ser
jefe de Calvo.
ff
ff



Silencio
personal:
‘‘un malestar
subterráneo’’,
el silencio de
la misa, la mudez.


Tiempo:
presente.

Lugar:
Santander.

Voz:
2ª persona.

Escena en el velatorio. Reunión de los amigos. Roto no está. Nadie le ha avisado, hace años que no hablan. Al día siguiente, después de la misa, ‘‘seis desconocidos cargan a hombros con el ataúd, pero el peso de un muerto no puede calcularse’’. Otro silencio más.

Igual que todas las familias guardan un secreto, todos los grupos de amigos esconden historias. Transcurren los días y una historia del pasado intentará salir a la superficie a pesar de que todos la esquiven. Nadie se atreve a contestar a la pregunta. Algunos ni siquiera a plantearla. ‘‘Decides que te marchas. No avisas para que nadie te diga que vas borracho. Hay muchas cosas que no vais a deciros hoy. La muerte de Calvo os ha dejado mudos’’. Se va. Esquiva. Nunca la línea recta aquí, sino el zigzag.

3er CAPÍTULO. SIGNOS DE REFINAMIENTO


Inicio:
Suena a broma. Mañana madruga.
ff


Protagonista:
Cabeza. Llama a
Moro, que no lo
sabía. Vuelve de
Londres, donde
ha estado estos
últimos años.
Allí está Abby,
su pareja.
ff



Silencio
personal:
reproche mudo,
acumulado
en la base de
la garganta.


Tiempo:
presente.

Lugar:
Londres >
Santander.

Voz:
3ª persona.

La ciudad, al final, resultó seguir siendo la misma que hace años. Pero él había cambiado. Vuelve a Santander con ‘‘la culpa de un fracaso, la culpa de que ahora tenga una deuda con su padre y una deuda con el banco, de que la ciudad en la que vive no lo haya recibido con los brazos abiertos, de que no celebre su vuelta, que lo evite como a un extraño, que lo mire con la desconfianza con la que un extranjero mira siempre los callejones aledaños a las vías principales’’. Una ciudad que no le reconoce, en la que las calles son las mismas, salvando algún parque nuevo o alguna franquicia nueva. Nunca se vuelve igual que se va. Y uno se cansa de tanto irse.

‘‘Porque la madurez también es esto, la seguridad
y el orden, la eficacia, una superficie plana, sin obstáculos’’

En el reencuentro queda el cariño, o el recuerdo ya lejano del cariño que una vez sintieron. En algunas ocasiones el recuerdo puede ser muy intenso, pero otras veces puede quedar totalmente archivado en el olvido para siempre. Volver puede ser una fiesta o ‘‘todo desapariciones, como si volver fuera colocarse en una fila de ausentes que esperan su turno, que llega siempre, a pesar de los planes, a costa de los planes. Como si volver fuera lo contrario de volver’’.

4o CAPÍTULO. MEMORIA DE UN FESTÍN PARA BÁRBAROS


Inicio:
No paraba de llover, pero tenía que ser por fuerza esa noche. Algo se celebraba, o quizás no,
pero se reunieron, a pesar del mal tiempo, del viento, del agua, a pesar de la repetición.
ffU


Personajes:
Todos reunidos
para una cena.
Roto, Mario,
Tomás y su hijo, Cabeza, Moro,
Calvo, Bea, Lucía,
una escopeta.

ff



Silencio
colectivo:
‘‘un silencio
extraño, como
de coger aire’’.


Tiempo:
pasado

Lugar:
garaje.

Voz:
3ª persona.

La amistad puede medirse a través de distintas unidades. Se puede medir en momentos de amistad, que diría Renard. Se puede medir en momentos de desgracia compartidos, porque el que estuvo en la hora más oscura traerá la luz consigo siempre. La amistad también puede cifrarse en la cantidad de historias compartidas a las que volver una y otra vez, siempre disponibles para ser contadas como si fuera la primera vez. Pero también puede medirse en el número de historias en común de las que nadie quiere hablar, terribles e incómodas. En este capítulo encontramos una.

5o CAPÍTULO. LAS GAVIOTAS


Inicio:
Gaviota argéntea (larus argentatus).
Aunque pueda parecer mentira, otra de las curiosidades de las gaviotas es que pueden llorar. Como hemos explicado,
las gaviotas beben tanto agua salada como agua dulce. Su método favorito para eliminar el agua salada que
han ingerido son las lágrimas. Gracias a las glándulas que tienen ubicadas en la parte superior de cada ojo, se
desprenden del exceso de sal en su organismo. Las lágrimas son blancas por la gran cantidad de sal que expulsan.
ff





Protagonista:
Bea.



ff



Silencio:
‘‘el silencio del
género epistolar,
siempre en
ausencia del
interlocutor’’.


Tiempo:
presente.

Lugar:
Santander.

Voz:
1ª persona.

En este capítulo leemos una carta que Bea escribe a Roto mientras la televisión suena de fondo. Es al mismo tiempo una carta amable (escrita desde el cariño y la intimidad) y sincera (escrita desde la confianza). La verdad es difícil de escuchar, porque con ello aceptamos que el otro nos ha visto, que nos han pillado. Así, leemos: ‘‘Si no soportabas tu propia intimidad, ¿cómo ibas a soportar la de tus amigos? Seguro que nadie sabe por qué te fuiste. Seguro que tú tampoco’’.

Se fue, como todos los que se van, sin saber muy bien qué le esperaría del otro lado. Se fue porque algo no iba bien y quizá huyó o quizá era la única manera que tenía de afrontar la realidad, esquivando. ‘‘¿Dónde estarán, por cierto, las gaviotas, ahora que llueve tanto? No es una pregunta importante: buscarán refugio, permanecerán invisibles, donde sea’’. Así Bea, así Roto. Gaviotas invisibles. Supervivientes donde sea.

6o CAPÍTULO. UNA CONVERSACIÓN INFINITA


Inicio:
Escribe Roto:
ff



Protagonista:
una pareja sin
nombre, que
se conoce
demasiado o demasiado poco.

ff




Silencio
personal:
‘‘un silencio
de ocho pisos’’.


Tiempo:
presente.

Lugar:
desconocido.

Voz:
3ª persona.

Leemos un relato que escribió Roto. En el capítulo anterior Bea lo menciona, pues la pareja de protagonistas le recuerda a ellos. Una pareja con ‘‘una mochila insoportable de silencios’’. En la narración se muestra el desgaste cotidiano de una pareja, tan cansada que ‘‘confunden la paz con el agotamiento’’.

7o CAPÍTULO. DOCUMENTO SIN TÍTULO


Inicio:
Tardamos casi una hora en recorrer 70 kilómetros.
ff





Protagonista:
Roto y Bea.


ff




Silencio
compartido:
el silencio de
dos esqueletos


Tiempo:
pasado.

Lugar
Santander.

Voz:
1ª persona.
ff

Ya desde el inicio notamos el rencor en la voz de Roto, que narra una fiesta de cumpleaños a la que fueron hace tiempo. En el viaje de ida la conversación entre ambos es escasa y breve, como si ya se anticipara un problema que late de fondo y se revelará al final del relato. Tienen algo de extraño las fiestas. Fingimos que olvidamos nuestros problemas durante al menos un momento, enterramos el hacha de guerra, sacamos bandera blanca y demás imágenes bélicas. Pero ahí siguen debajo de la piel los problemas. Y eventos como una fiesta son idóneos para que estallen, pues sonreír cuarenta veces por minuto mientras por dentro estás rota es cansado. En un entorno donde en teoría no puedes romperte porque deberías estar feliz, se multiplica la posibilidad de romperse en mil pedazos.

Pienso ahora en ¿En qué piensas, amor? de María Domínguez del Castillo y cómo juega en la narración con la película Las horas. En la película, Laura le cuenta a su amiga la historia de Mrs. Dalloway. Dice que va sobre una mujer que está preparando una fiesta y es tremendamente infeliz, mientras ella misma está preparando una fiesta y siendo terriblemente infeliz. ‘‘Todos creen que está bien, pero no lo está’’.

8o CAPÍTULO. UNA CASA SIN PAREDES


Inicio:
I love you
I’ m the milkman of human kindness
I’ll leave an extra pint’ (Billy Brag).
ff





Protagonista:
Roto.



ff



Silencio
personal:
el silencio del
que está a punto
de volver, el
silencio de
las hortensias.
ff


Tiempo:
presente.

Lugar:
Berlín.

Voz:
3ª persona.
ff

Como tantos jóvenes, Roto se marchó a trabajar a Alemania. Y como todo joven que se va, deja atrás una vida, unas complicidades, unas historias que se marchitan con el tiempo si no se riegan. Difícil regar un jardín desde la distancia. Si irse de tu ciudad da miedo y te puede llegar a bloquear, volver a esa misma ciudad da vergüenza y te puede llegar a paralizar.

Una vez cruzada la línea de sombra no hay vuelta atrás. Es un paso importante, el más importante. Parece que la vida acaba de empezar o que está terminando, según el lado desde el que se mire, pero la urgencia es la misma. Roto ‘‘vuelve donde no lo esperan, piensa, pero ese pensamiento mancha, así que lo deja pasar’’. Intenta no pensar en ello, pero la realidad es que nadie espera a la gente que se va. Y ahora tiene que volver sin saber muy bien por qué se marcha de Alemania, como tampoco supo en su día por qué se marchó de Santander.


LIBROS QUE RIMAN CON CASILLA VACÍA

«Este es el periodo de la vida en que suelen sobrevenir aquellos momentos de que hablaba. ¿Cuáles? ¡Cuáles van a ser!: esos momentos de hastío, de cansancio, de descontento; momentos de irreflexión. Es decir, esos momentos en los que aún mozos propender a cometer actos irreflexivos, tales como el matrimonio improvisado o el abandono de un empleo, sin razón alguna para ello»

«Y súbitamente, abandoné todo aquello. Lo hice a la manera, para nosotros irrazonada, del pájaro que abandona una rama segura. Se hubiera dicho que, sin que ningún otro se percatase, había oído yo un murmullo o percibido algo […] Un día todo iba bien, al día siguiente todo había desaparecido: encanto, sabor, interés, contento, todo»

«Era la clase de ciudad de yo podría haber sido algo.
Era la clase de ciudad de voy a darles lo que nunca tuve, aunque me mate.
Pero se estaba convirtiendo en la clase de ciudad de me encanta, obtienes mucho más por tu dinero. Como en todas partes en esa época, o al menos eso era lo que la gente le contaba a Rothko.
La mayoría de la gente se mudaba ahí cuando algo había ido mal.
Era la clase de lugar para empezar de cero».

«Eso era exactamente lo que elle más había echado de menos. Doblar una esquina y no saber adónde te llevaría el camino. Dejar que las cosas pasaran, por casualidad».

«Pero lo que Rothko había aprendido al cumplir con una condena tan larga era que si pensabas en lo mucho que te quedaba por hacer, acababas por no hacer nada».

«Rápida, cruda, poética. Mazarrasa tiene una extraordinaria habilidad para meterse en la mente de los personajes». Sergio C. Fanjul

«Frente a los silencios y contradicciones que trae la vida adulta, Casilla vacía es un homenaje a la amistad y a los hilos que la convierten en refugio». Marta San Miguel

«Con la profundidad y la precisión de la mejor literatura, Santiago Mazarrasa explora las huellas que la interrupción de una vida deja en otras vidas. Una novela brillante, que parece hablar del dolor de unos pocos pero habla del vacío de toda una generación». Juan Gómez Bárcena

Érase un hombre a un cigarro pegado,
érase un fumón superlativo,
érase alquitrán en el pulmón metido,
poeta santanderino mal barbado.

Santiago Mazarrasa (Santander, 1988) es licenciado en Filosofía y Máster en la especialidad de Pensamiento Contemporáneo. Vivió en Madrid, donde editaba fanzines y discos con Donato Fanzine y en Berlín, donde trabajó como cocinero de hamburguesas caras. Desde 2021, vive en Santander, donde edita la revista literaria MULE, que fundó junto a la artista Mina K., pasea a su perro, mima a su gato y contempla un Excel infinito. Ese año, participó en un concurso televisivo para pagar sus deudas. Ha publicado las novelas «El aspirante» (Ediciones Franz, 2021) y «Caníbal sin dientes» (Altamarea, 2023). En 2024, en colaboración con la Fundación Gerardo Diego, estrenó la obra de teatro «Reflector en sombra», publicada posteriormente bajo el título «Poeta intrascendente» (Ulises, 2025). «Casilla vacía», un mosaico de pánicos contemporáneos, es su deslumbrante y ambiciosa tercera novela.

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